Araceli Ramírez/Block Club ChicagoThais Beltran lanzó el sitio web del proyecto en mayo y está recopilando fotos y videos tomados antes de 2008.
Esta historia fue originalmente publicada en Block Club Chicago, una sala de prensa sin fines de lucro enfocada en reportar sobre los vecindarios de Chicago. Suscríbete a su boletín diario gratuito.
LITTLE VILLAGE — Un bautizo en McKinley Park. Una reunión familiar antes de un desfile del Día de la Independencia de México. Una protesta liderada por un organizador latino en Humboldt Park.
A través de Nuestro Chicago Archives, le fundadore Thais Beltrán está preservando fotografías familiares que documentan la vida cotidiana de la comunidad latina en Chicago.
Lanzado en octubre de 2024, el archivo digital destaca y preserva la historia de la comunidad latina de Chicago a través de fotografías familiares, videos e historias recopiladas por la comunidad. El proyecto se enfoca en imágenes anteriores a 2008, documentando una época previa a la transición generalizada de la fotografía analógica a la digital.
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El sitio web de la biblioteca del archivo se lanzó el 15 de mayo y está recopilando envíos de residentes de toda la ciudad. Los residentes pueden enviar fotografías a través de mensajes directos de Instagram o por correo electrónico.
Las plazas para el evento de digitalización de cintas VHS el sábado en Rudy Lozano Library en Pilsen se agotaron rápidamente. La próxima jornada de digitalización tendrá lugar el 2 de agosto de 2 a 4 p. m. en Little Village Branch Library, ubicada en 2311 S. Kedzie Ave. Está programado para ser un evento de escaneo de fotos de quinceañeras en conjunto con el decimoquinto aniversario de la sucursal. El registro aún no está abierto, pero se publicará en el sitio web de la biblioteca, dijeron los organizadores.
“Diría que el archivo comunitario es el fruto de todo aquello que realmente me apasiona,” dijo Beltrán. “Amo la historia de Chicago.”
Araceli Ramírez/Block Club Chicago Thais Beltran, fundadore de Nuestro Chicago Archives, posa para un retrato cerca de la Lozano Branch Library en Pilsen el 23 de mayo de 2026.
Criade en Berwyn, Beltran pasaba su infancia visitando la casa de su abuela, Carmen Gaspar, en Little Village, donde hojeaba álbumes familiares. Gaspar trabajó 40 años como asistente escolar en Gary Elementary y fue una de las primeras intérpretes en la oficina, ayudando a inscribir a los hijos de las familias que emigraban desde México.
“Ella no es solo mi abuela,” dijo Beltrán. “La comparto con tantas generaciones de gente de La Villita.”
Beltran considera el archivo como una continuación de ese trabajo. Después de descubrir proyectos de archivo similares en otras ciudades, Beltran se dio cuenta de que Chicago carecía de un espacio digital dedicado a preservar las historias de las familias latinas.
“Somos personas,” dijo Beltrán. “Tenemos familias, tenemos un nombre, tenemos una historia. Véannos así. Véannos como personas.”
A medida que el archivo crece, Beltrán también está escaneando la colección de casi 2000 fotografías de su abuela.
Elena Gonzales, conservadora de participación cívica y justicia social del Chicago History Museum, dijo que el trabajo llena un vacío muy profundo.
Las comunidades latinas han quedado fuera de las narrativas históricas convencionales durante más de 150 años, y preservar sus registros es esencial para comprender cómo surgió Chicago, dijo Gonzales.
“El trabajo de archivo basado en la comunidad es vital porque cuando esos registros son poseídos, mantenidos y protegidos por la comunidad, la comunidad retiene el poder de usarlos como mejor le parezca,” dijo Gonzales. “Eso es poderoso.”
La gente común suele subestimar el valor histórico de sus propios materiales, dijo.
“Muchas veces es posible que se haya hecho sentir a las personas que sus materiales son menos importantes,” dijo Gonzales. “Y eso simplemente no es cierto.”
Encontrar vínculos a través de fotos familiares
Durante años, las fotos familiares de Kiara Jazmín Flores estuvieron guardadas en una caja.
Flores, una residente de Chicago de primera generación que creció en Archer Heights, envió fotografías de su bautismo de 1995, incluyendo imágenes de sus abuelos, tras ver una convocatoria relacionada con McKinley Park. El envío generó conversaciones con su madre que nunca antes había tenido, sobre el origen del vestido de bautismo, quién aparecía en la fotografía y cómo su familia celebraba en ese entonces en comparación con la actualidad.
“A veces no reconocemos que el tiempo que pasamos de niños aquí en Chicago es historia,” dijo Flores. “Especialmente si eres de primera generación, literalmente empiezas como un recién nacido de Chicago, en cierto sentido.”
Meses después, Flores asistió a la exposición del primer aniversario del archivo en Pilsen. Mientras la recorría, vio fotografías de desconocidos y se reconoció en ellas.
“Aunque no son mi familia y no los conozco, me identifico con esa historia. Me identifico con esas fotos,” dijo.
Entonces dobló una esquina y vio a su propia familia en la pared.
“Simplemente me puse a llorar,” dijo.
Los visitantes dejaron comentarios debajo de su fotografía: legado, amor, calidez.
“Que la gente reaccionara así basándose en fotos que he tenido guardadas fue como, wow,” dijo Flores. “Necesitamos compartir más de estas fotos que hemos guardado porque al final del día siguen siendo historia.”
Cuando el archivo apareció en el feed de David Hernández, revisó las antiguas publicaciones de su madre en Facebook y extrajo fotografías que nunca antes había examinado con detenimiento.
Las imágenes mostraban a sus padres tras emigrar de San Luis Potosí, México: nadando en el lago Michigan, tocando la guitarra en parques, construyendo una vida en Little Village.
“No eran inmigrantes adinerados que venían de México, pero aún así encontraron la manera de experimentar la alegría de Chicago,“ dijo Hernandez. “Es genial verlos tratando de hacer un hogar lejos de casa.”
Su padre compró una cámara como inmigrante, documentando una vida que de otra manera podría haber pasado sin ser registrada. Ahora esas imágenes volvían a salir a la luz, generando conversaciones entre David y su madre sobre las personas y las historias capturadas en ellas.
Desde entonces, Margarita Hernández ha regresado a México. Las fotografías son una de las maneras en que mantienen el vínculo con una historia compartida.
“Es un vínculo de comunicación entre las familias para poder recordarnos, cómo éramos,” dijo. “Es una forma de recordar para las futuras generaciones.”
Ileana López-Martínez encontró el archivo a través de una publicación sobre los Young Lords, donde su padre había sido ministro de información.
López-Martínez, quien creció en Humboldt Park, presentó fotografías de su tío, Obed López, quien estuvo involucrado con la Latin American Defense Organization y otros esfuerzos de organización en Chicago. Su tío era mexicano pero estaba profundamente comprometido con la causa de la liberación puertorriqueña, dijo.
“Se siente como un hermoso tapiz de experiencias latinas en Chicago,” dijo López-Martínez.
Ella dijo que el archivo ayuda a conectar historias que a menudo pueden sentirse aisladas por los límites vecinales, los patrones migratorios y las distintas oleadas de inmigración.
Una fotografía muestra a su tío de pie sobre un escritorio durante una protesta en una escuela de Humboldt Park, una historia que escuchó por primera vez de sus familiares cuando era niña.
“Hay personas que no habían nacido o que eran niños pequeños que ahora se están volviendo políticamente activas, que se están convirtiendo en adultos,” dijo López-Martínez. “Necesitan acceso a esa historia.”
Melissa Chaidez encontró el archivo a través de una amistad y envió una fotografía de su familia camino a un desfile del Día de la Independencia de México en 1970. En ella, los niños están alineados frente a la casa, vestidos para la ocasión.
Su madre le dijo que eran una de las primeras familias mexicanas que vivían en un vecindario predominantemente checo.
“En aquel entonces, realmente solo tenías una copia de una foto, y literalmente iba pasando de mano en mano entre los distintos miembros de la familia,” dijo Chaidez.
Las fotografías físicas tienen algo que las digitales no, dijo Chaidez, quien todavía usa una cámara Polaroid. Al crecer, las fotografías significaban reunirse alrededor de una mesa, pasarse las imágenes y aprender cosas sobre sus padres que desconocía.
“Una historia solo puede llegar tan lejos como se cuente,” dijo.