Camilla Forte/Borderless Magazine/Catchlight Local/Report for AmericaEl Vía Crucis de Pilsen se ha celebrado durante 49 años. Para las familias que lo mantienen vivo, es más que una representación.
Cuando Zitlalic Castillo entra al sótano de la Iglesia de San Pío, en Pilsen, se convierte en la esposa de Poncio Pilato.
Aunque este es su primer año participando en el Vía Crucis de Pilsen, la joven de 22 años tiene una ventaja generacional: su madre, Beatriz Castillo, interpretó este papel durante su adolescencia en México.
Para muchos, el Vía Crucis es una arraigada tradición de Viernes Santo que fusiona la fe católica con la comunidad. Ahora, en su 49º año, la procesión de las Estaciones de la Cruz Vivientes recrea la crucifixión de Jesucristo en el vecindario de Pilsen en Chicago — una comunidad situada en el Lower West Side que ha sido un puerto de entrada para los inmigrantes mexicanos.
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Zitlalic creció yendo a la procesión del Vía Crucis. No fue hasta que su padre falleció en 2025 que quiso participar junto a su madre para cumplir el deseo de él de que ella se involucrara en la producción.
“Me encanta ver la felicidad en la cara de mi mamá a pesar de todo lo que hemos pasado como familia con el fallecimiento de mi papá,” dijo Zitlalic.
Detrás de escena, la producción se ha convertido en un esfuerzo multigeneracional para la comunidad de fe. Muchas familias regresan año tras año para retomar sus papeles y forjar lazos comunitarios duraderos que, según la coordinadora del evento, Nellie Quintana, constituye el corazón de la producción.
Estos lazos son la razón por la cual, a pesar del cierre y la fusión de iglesias en Pilsen durante la última década, Quintana ha mantenido viva la tradición. En 2025, Quintana ayudó a crear una organización sin fines de lucro, Pilsen Via Crucis Living Way of the Cross, para apoyar este evento comunitario. Además de coordinar la procesión del Viernes Santo, también se desempeña como presidenta de la junta directiva de dicha organización.
“Cuando miro a la multitud, sé que alguien ahí afuera siente una chispa de esperanza al ver lo que estamos haciendo,” dijo Quintana. “Sé que en algún lugar, de alguna manera, en esta procesión, alguien está rezando, alguien está reflexionando, alguien está construyendo comunidad, y esa es la sensación más gratificante de todas.”
El viernes por la mañana, cientos de personas se congregaron a lo largo de la Calle 18 mientras Castillo, su madre y otros actores recreaban La Última Cena, La Oración en el Huerto de Getsemaní y Jesús ante Poncio Pilato, antes de culminar con la Crucifixión de Jesús.
“Vinimos a ver qué sucedió por nosotros,” dijo Gloria Hernández, quien asiste a la procesión desde hace 17 años. “Él dio su vida por nosotros.”
Hernández fue una de tres amigas de Michoacán, México, que asistieron juntas a la procesión. Alma Díaz dijo que observaron la procesión para “recordar el sufrimiento.”
Martha Gonzalez compartió el mismo sentir, diciendo que la procesión une su fe y su comunidad.
González, residente de Pilsen desde hace mucho tiempo, ha presenciado la procesión cada año durante más de una década, y este año usó una banda roja que señalaba su participación en la marcha. Participó junto a su hija y su tío.
“Siempre quise participar, pero este año lo hice una prioridad,” dijo González. “Personalmente, me siento más cerca de Dios y de mi fe al participar.”
Para Zitlalic, esta experiencia no solo profundizó su fe, sino que también fortaleció el vínculo de su familia.
“Ha sido lindo ver que a pesar de todo, mi mamá sigue luchando por nosotros, por la memoria de mi papá, y que está contenta de compartir este momento juntos,” dijo.
Aydali Campa ha contribuido a este reportaje.
Camilla Forte es becaria de CatchLight y miembro del cuerpo Report for America que cubre las comunidades inmigrantes para Borderless Magazine. Se puede contactar con ella en [email protected].