El restaurante mexicano, ubicado en North Center Chicago, atrae a los habitantes de toda la ciudad

Mi Fogata: La galardonada propietaria de un restaurante mexicano está adaptándose a la pandemia de COVID con el apoyo de los habitantes de Chicago en North Center y otros lugares.

Los residentes de Pilsen no necesitan ir muy lejos para encontrar un delicioso restaurante mexicano. El hecho de que muchos otros habitantes de Chicago viajen 10 millas al norte para comer en Mi Fogata, en el vecindario de North Center, es un indicador de que el restaurante es algo especial.

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Si eso no es suficiente para convencerte, tienes que saber que la receta de mole del restaurante ganó el primer lugar en el concurso Mole de Mayo de Pilsen en 2009 y 2012.

En ese entonces, la propietaria Eugenia Galván dirigía Fogata Village en Pilsen, en el cual trabajó con su exmarido durante 15 años. Cuando lo cerraron en 2018, abrió Mi Fogata por su cuenta, obligada a trasladarse a North Center debido a la creciente gentrificación en Pilsen.

Mi Fogata sirve comida tradicional de Guerrero como cecina (carne de res salada) y el mole regional, así como los favoritos nacionales mexicanos como tacos y fajitas.

 

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Mi Fogata, ubicado en 4322 N. Western Ave., Chicago Ill., sirve una amplia variedad de platos tradicionales mexicanos, incluido un plato de pollo con mole muy popular. Foto de Camilla Forte/Borderless Magazine

El restaurante sobrevivió el 2020, un año que vio el cierre temporal o permanente de 110,000 restaurantes en todo el país, según un informe de la Asociación Nacional de Restaurantes publicado en 2021. Pero el Programa de Protección de Cheques de Pago, la subvención de Hospitalidad de Chicago y otros fondos gubernamentales se han agotado para Galván, y la ayuda comunitaria que recibe no es suficiente para mantener abierto el restaurante por mucho tiempo. Mientras tanto, Galván espera que más clientes comiencen a comer en el restaurante.

Como parte de nuestra serie sobre cómo los restaurantes de inmigrantes han sobrevivido a la pandemia, Borderless Magazine habló con Galván sobre su experiencia.


Empezamos Fogata Village en 2003. Mi ex marido cocinaba y yo era la mesera. A la gente le gustó la comida y, poco a poco, logramos tener 25 personas trabajando para nosotros. Pero luego comenzaron los problemas de relación.

Después de que mi exmarido dejó el negocio me quedé sola, luego los precios del alquiler comenzaron a subir. El dueño me dijo que iba a remodelar el edificio, así que comencé a buscar otro restaurante y así fue como terminamos aquí.

Aprendí a cocinar. Me dije: “La comida es de Guerrero, de donde éramos los dos”. Entonces vine aquí con el mismo menú. Mucha gente que me conocía vino a apoyarme.

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Pollo con mole es uno de los platillos del menú más populares de Mi Fogata. El plato se sirve con un acompañamiento tradicional de arroz, frijoles refritos y tortillas de maíz. Foto de Camilla Forte/Borderless Magazine

Tengo dos chefs y una mesera de Pilsen. Tengo otra persona que prepara carne con una receta especial que no conozco. Ahora hay dos empleados de tiempo completo y dos de medio tiempo. Comenzamos en 2018 y ese año fue genial. Pero luego vino la pandemia.

Cuando la ciudad de Chicago dijo que los restaurantes tenían que cerrar, permanecimos abiertos durante un mes haciendo pedidos para llevar, pero no había mucho negocio. Mucha gente ordenaba para llevar. Luego comencé a preocuparme porque había menos órdenes, pero aún había que pagar el alquiler. Hablé con el dueño del edificio y al principio me dijo: “No te preocupes, en todas partes es así, ya veremos qué pasa”.

No pagué el alquiler durante un mes. Los siguientes dos meses, el propietario dijo: “Pague lo que pueda”. Pero después de eso me dijo: “Debes mucho”, así que solicité cada subvención. Recibí muchas notificaciones que decían que el restaurante no había sido seleccionado para una subvención y estaba triste. Me decía a mí misma: “¿Cómo es posible que dejaron todo el dinero a las grandes corporaciones y no nos ayudaron a nosotros?”

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El comedor interior de Mi Fogata se encuentra vacío durante las primeras horas de la tarde del 2 de agosto de 2021 en Chicago, Ill. Foto de Camilla Forte/Borderless Magazine

Solicité el PPP y me dieron la primera y segunda ronda de financiación. Todas las aplicaciones estaban en inglés, y yo solo puedo leer y hablar un poco de inglés. Mi pareja es estadounidense, así que he estado practicando mucho.

La Administración de Pequeñas Empresas me dio $1,000. Le dieron $3,000 a otros lugares, pero solo $1,000 a mí. Hace cuatro meses recibí un correo electrónico de la SBA diciendo que puedo solicitar el resto del dinero. Dijeron: “Revise el mapa antes de presentar la solicitud”. Y estoy en el área que no califica. Según el censo, esta es una zona de mayores ingresos. Pero eso no es justo, deberían ver mis ventas.

La ciudad nos dio $10,000 en diciembre de 2020 [a través del Programa de subvención de Hospitalidad de Chicago]. Pagué el alquiler, pero el monto se agotó en marzo. Pensé que me iba a durar más.

Me dije a mí misma: “Ahora, voy a sacar de mis ahorros”. Pero mi mamá me dijo que eso no sería bueno para el negocio.

Actualmente, algunos días hay más gente; otros días, no. Aunque mejoró un 25 por ciento de mayo a julio.

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Una nota personal agradeciendo a los clientes que regresan a su negocio se encuentra en la entrada de Mi Fogata en el vecindario North Center de Chicago, Illinois, el 2 de agosto de 2021. Eugenia Galván dijo que el restaurante todavía está luchando por sobrevivir a pesar de la flexibilización de las restricciones. Foto de Camilla Forte/Borderless Magazine

Tengo clientes cercanos y vecinos que vienen una vez a la semana. Muchos de mis amigos me ayudan. Tengo un amigo querido que vive con su esposa y dos hijos que me ha ayudado mucho con publicaciones en Facebook. Me pide que tome fotos y hace circular las publicaciones en línea. Ella paga la publicidad y viene a ver cómo estoy.

Tengo mi menú desde hace tres años. Cuando me mudé, tenía los mismos precios del menú que tenía en Pilsen. Los salarios están subiendo, así que simplemente ajusté los precios. Veremos qué sucede.

La otra cosa es que no tengo licor. Cuando comenzó la pandemia, estábamos tratando de solicitar una licencia de licor. [El proceso] se detuvo porque todo se cerró. Lo intenté en Internet, pero nunca respondieron. No sé si eso ayudaría porque es un gasto mayor: cuesta $4,400 dólares. Estoy debatiendo eso ahora, pero pronto comenzaré la aplicación.

Dije en abril que cerraría en seis meses si el negocio no mejoraba, pero mi opinión cambió en mayo porque el negocio estaba mejorando.

En el primer año, tuvimos mucha gente. Teníamos fiestas en la trastienda y gente en el frente. Cuando nos recuperemos, espero que vuelva a haber mucha gente.

Tenemos chilaquiles deliciosos y la gente pide mucho enchiladas y mole. Tenemos nuestra propia salsa hecha con jalapeño y nuestras propias recetas de desayuno. El restaurante se ve tan bien cuando hay mucha gente comiendo.

Me siento muy contenta cuando a la gente le gusta y deja sus platos vacíos.

 

Esta historia fue reportada con la ayuda del Metro Media Lab, un proyecto de la Escuela Medill de la Universidad Northwestern destinado a fortalecer el periodismo en Chicago. Está financiado por la Fundación Robert R. McCormick.

Este artículo está traducido por Claudia Hernández.

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