Finalmente en los Estados Unidos, una solicitante de asilo transgénero encuentra tierra firme

Después de cruzar la frontera entre Estados Unidos y México en busca de asilo, Susana Coreas está navegando por su nueva vida en la ciudad de Nueva York y construyendo una comunidad en el camino.

Susana Coreas ya no duda en usar tacones altos cuando sale. Desde que llegó a la ciudad de Nueva York en septiembre, se siente segura de usar cualquier cosa que la haga sentir hermosa. Coreas, una mujer transgénero de 41 años, llegó a los Estados Unidos en mayo para buscar asilo y poco a poco ha incorporado su amor por el maquillaje y los zapatos en sus actividades diarias. Estas son algunas de las pequeñas cosas que le brindan alegría en medio de toda la incertidumbre que enfrenta. Le recuerdan por qué está peleando.

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“Me siento tan libre aquí”, le comenta Coreas a Borderless Magazine. “Puedo usar tacones altos y no preocuparme por nada porque la gente aquí es muy diversa. Yo encajo”.

La ciudad de Nueva York es el hogar de más de 3 millones de inmigrantes, y Coreas es una de ellas. Si bien nunca planeó mudarse a la gran ciudad, ha encontrado una comunidad aquí que la apoya.

Coreas tenía una comunidad en su tierra natal de El Salvador. Pero a principios de 2020 no tuvo más remedio que irse a Estados Unidos. Vivir como una mujer transgénero en El Salvador es extremadamente peligroso y no le era posible expresar libremente su identidad de género. Las personas de la comunidad LGBTQ + son blanco fácil y constante de crímenes de odio, y la esperanza de vida de las mujeres transgénero en El Salvador es de tan solo 35 años.

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Vicky, una amiga de Susana Coreas, la ayuda a maquillarse en Casa Carmelita en El Paso, Texas, el 18 de agosto de 2021. Este era el primer día que Susana iba a clase maquillada. Foto de Claudia Hernández para Borderless Magazine

Coreas es una de los millones de inmigrantes que llegan a la frontera sur de los Estados Unidos cada año, huyendo de las dificultades. Se enfrentan a probabilidades difíciles de obtener un estatus legal: cada año, Estados Unidos otorga el reasentamiento a alrededor de 70,000 inmigrantes, o alrededor del 6 por ciento del total de solicitantes de asilo y refugiados. En el 2020, solo se concedió el reasentamiento a 12,000 inmigrantes

Debido al programa del Protocolo de Protección al Migrante, también conocido como la política de “Permanecer en México”, promulgada durante el ex presidente Trump, miles de migrantes que esperaban solicitar asilo se han visto obligados a permanecer en ciudades fronterizas de México, donde enfrentan peligros y carencias. Si bien el presidente Joe Biden había puesto fin a la política al principio de su mandato, la Corte Suprema la restableció en agosto.

El plan de Coreas era llegar a la frontera y solicitar asilo en los Estados Unidos rápidamente. Poco después de su llegada, en 2020, la frontera entre Estados Unidos y México se cerró a viajes no esenciales debido al COVID-19. Coreas se vio obligada a permanecer por más de un año en la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez. A pesar de todos estos contratiempos, Coreas logró vencer las probabilidades y finalmente cruzó este mes de mayo gracias a una excepción a las restricciones fronterizas. Coreas dice que la cobertura de Borderless Magazine sobre su historia a principios de este año jugó un papel importante en que ella y las otras mujeres transgénero con las que vivía obtuvieran esa excepción.

“Debido a la historia de Borderless, fuimos contactadas por muchos medios de comunicación”, dijo Coreas. “La atención de los medios nos ayudó mucho a cruzar la frontera. Los oficiales de inmigración hicieron una excepción sin precedentes solo para nosotras. Toda esta atención ha traído mucha ayuda. Tuvimos la suerte de que nuestra historia fuera publicada”.

Sin embargo, su llegada a los Estados Unidos no garantiza un camino sencillo hacia una vida estable.

Un paso más cerca del sueño americano

En Ciudad Juárez, Coreas fundo y se instaló en Casa de Colores, un lugar que albergaba y protegía a más de 40 solicitantes de asilo transgénero. El edificio era originalmente un hotel abandonado y ella ayudó a hacerlo habitable, instalando elementos esenciales como agua, gas y electricidad. También construyó una familia allí, convirtiéndose en la líder de facto de la casa.

En mayo de 2021, a todas las residentes de Casa de Colores se les permitió cruzar a los Estados Unidos debido a una excepción a la política conocida como Título 42. Como parte de la Ley del Servicio de Salud Pública de 1944, la política permite al gobierno de los Estados Unidos tomar medidas para “prevenir la introducción de enfermedades transmisibles” al país. Tanto las administraciones de Trump como de Biden lo han utilizado para otorgar a la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos el poder de deportar a inmigrantes indocumentados durante la pandemia, antes de que tengan la oportunidad de solicitar asilo. Debido a que las mujeres de Casa de Colores fueron clasificadas como miembros de una “población vulnerable”, pudieron cruzar la frontera hacia El Paso, Texas y comenzar el largo proceso de solicitud de asilo.

“Me han dicho muchas veces que el hecho de que todas pudiéramos cruzar es algo sin precedentes”, dijo Coreas.

Durante mucho tiempo Coreas había planeado lo que iba a hacer cuando cruzara la frontera. Tan pronto como puso un pie en los Estados Unidos, fue a Minneapolis para visitar a su hijo. El estudiante de preparatoria de 16 años no sabía que Coreas se identificaba como mujer desde hacía mucho tiempo. Estaba nerviosa por lo que él podría pensar cuando se reunieran.

“La última vez que me vio yo era su padre”, dijo Coreas. “Y, cuando me volví a presentar a él, todo fue tan sencillo y natural. Él abrazó mi identidad”.

Después de visitar a su hijo en Minnesota, Coreas regresó a El Paso, donde se conectó con Las Americas Immigrant Advocacy Center, una organización sin fines de lucro que brinda asistencia legal a inmigrantes. Con su ayuda, comenzó el proceso de solicitud de su tarjeta de residencia. También solicitó su permiso de trabajo y comenzó a estudiar para obtener su GED.

“Mi principal objetivo siempre ha sido ayudar a mi hijo”, dijo Coreas. “Quiero mantenerlo y ayudarlo a ir a la universidad”.

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Después de un largo viaje, Susana Coreas se reúne con su hijo en Minneapolis, MN, el 27 de agosto de 2021. Coreas espera poder conseguir un trabajo pronto para ayudar a su hijo a ir a la universidad. Foto cortesía de Susana Coreas

​​Pero obtener un permiso de trabajo ha resultado ser otra larga espera. Anteriormente, Servicios de Inmigración y Ciudadanía de los Estados Unidos (USCIS por sus siglas en inglés) tenía como objetivo procesar las solicitudes de permisos de trabajo para inmigrantes, incluso para los solicitantes de asilo, en un lapso de 90 días, pero debido a la pandemia, la falta de personal y las dificultades financieras, la agencia se enfrenta a retrasos. Ahora se estima que el procesamiento puede tardar hasta siete meses, tiempo que Coreas considera que se está desperdiciando. Sin poder trabajar legalmente, Coreas tiene que depender de sus ahorros y donaciones para necesidades básicas como comida y vivienda.

Sin embargo, Coreas está tratando de aprovechar al máximo su tiempo. Mientras estaba en El Paso, vivió en Casa Carmelita, un centro comunitario que aboga por los derechos de los inmigrantes. Allí tenía una habitación con una cama grande, un armario lleno de su propia ropa, estantes para organizar su maquillaje y un perro llamado Frijol que la hacía compañía. En el centro comunitario, Coreas trabajó como voluntaria para ayudar a registrar a otros migrantes en México que esperaban cruzar la frontera.

“Nunca pensé que esperar pudiera ser tan difícil. No quiero sentirme inútil”, dijo Coreas mientras estaba en El Paso.

Coreas ya ha hecho mucho por otras mujeres. Entre ellas se encuentra Brisa Morales, quien el verano pasado celebró su cumpleaños número 43, su primero en Estados Unidos, en Casa Carmelita.

Morales escapó de su ciudad natal en el Estado de México cuando su compañera de trabajo, que también era una mujer transgénero, fue perseguida y asesinada debido a su identidad de género.

“Me dijeron que yo seguía”, dijo Morales.

Brisa Morales, de 43 años, decora Casa Carmelita con globos de colores para su fiesta de cumpleaños en El Paso, Texas, el 18 de agosto de 2021. Foto de Claudia Hernández para Borderless Magazine

Morales cruzó la frontera durante el verano, pero no tenía adónde ir. En El Paso, pudo ponerse en contacto con Coreas, quien la ayudó a instalarse y encontrar seguridad en Casa Carmelita.

“Todos en Juárez hablaban constantemente de cómo Susana ayudaba a todos. Todos me decían cómo tantas mujeres cruzaron gracias a ella”, dijo Morales.

Dejando la ciudad fronteriza

El tiempo de Coreas en El Paso llegó a su fin después de enterarse de que sus posibilidades de obtener asilo en Texas eran extremadamente bajas. Comenzó a investigar las estadísticas después de escuchar a una ex miembro de Casa de Colores decir que su audiencia en la corte en El Paso estuvo fatal.

“Básicamente le dijeron que no la querían en el país y que tenía que prepararse para irse”, dijo Coreas. “Querían deportarla”.

Coreas pronto descubrió que, dependiendo del juez de inmigración, solo del 7 al 23 por ciento de los inmigrantes con casos en El Paso obtuvieron asilo entre el año fiscal 2015 y 2020. Luego descubrió que sus posibilidades de un caso exitoso aumentarían a un 60 por ciento si trasladaba su caso a la ciudad de Nueva York. Entonces decidió que era hora de mudarse.

“Fue una decisión difícil, pero espero que haya sido la correcta”, dijo Coreas.

Susana Coreas toma el metro para asistir a una reunión con el Centro de SIDA del condado de Queens en Queens, Nueva York, 4 de octubre de 2021. Foto de Claudia Hernández para Borderless Magazine

Coreas pudo viajar a la ciudad de Nueva York con la ayuda de Casa Carmelita. Las Américas, sin embargo, ya no pueden representarla en su nuevo hogar. El grupo brindó a Coreas sugerencias de asistencia legal en Nueva York, pero Coreas todavía está buscando representación legal en el estado.

En la ciudad de Nueva York, Coreas aún enfrenta los desafíos de encontrar un trabajo y obtener ayuda médica crítica. “Tengo un diente roto. Además, ya casi se me acaba mi medicamento para la diabetes”, dijo. También batalló en encontrar un hogar que la reciba, un lugar como el que encontró en Casa de Colores en México o en Casa Carmelita en Texas.

“Me he quedado en lugares de algunos amigos, pero nunca puedo quedarme por mucho tiempo”, dijo Coreas.

Una de cada cinco personas transgénero en los Estados Unidos ha experimentado la falta de vivienda en algún momento de sus vidas. Es probable que ese número sea aún mayor para los solicitantes de asilo transgénero debido a las restricciones de trabajo que enfrentan, entre otros desafíos.

Coreas dijo que encontró estabilidad cuando conoció a Sen-Pei Hsia, una artista visual y trabajadora social de 41 años. Se conocieron a través de un conocido mutuo e inmediatamente se hicieron amigas cercanos.

“Escuché la historia de Susana y me sorprendió. Ella lo cuenta de una manera tan tranquila, como si no fuera gran cosa. Pero ha tenido que soportar tantas cosas”, dijo Hsia. “Su historia es tan inspiradora. Sabía que tenía que ayudarla de cualquier forma posible”.

Susana Coreas habla con su amiga, Sen-Pei Hsia, izquierda, en la cocina de su residencia actual cerca de Prospect Park en Brooklyn, Nueva York, 4 de octubre de 2021. Foto de Claudia Hernández para Borderless Magazine

Coreas también tuvo que hacer una pausa en el curso de GED que estaba tomando en El Paso. No está segura de tener la energía para poder continuar su educación en Nueva York.

“A veces me siento tan abrumada por todas las cosas de las que tengo que resolver”, dijo Coreas.

Mientras conocía gente nueva en el área, Coreas se cruzó con una ex miembro de Casa de Colores que también vive en la ciudad de Nueva York. Ella invitó a Coreas a una reunión en línea con otras personas trans de la zona. Una de las personas a cargo de la reunión fue el reverendo Dennis Camacho, quien trabaja para el Centro de SIDA del condado de Queens (ACQC por sus siglas en inglés).

“Fue un golpe de suerte”, dijo Coreas. “Le conté sobre mi viaje, cómo solía ser ingeniera y lo que hice con Casa de Colores en México”.

Camacho le comentó sobre una posible oportunidad para que ella administrara un refugio similar al que ella había ayudado a construir para mujeres transgenero en Ciudad Juárez en Nueva York. Él y ACQC quieren ofrecer a Coreas apoyo financiero para que ella comience a construir una nueva Casa de Colores.

“Sé las grandes cosas que hizo Susana [con Casa de Colores] y creo que podríamos hacer un gran equipo”, dijo Camacho. “Ambos tenemos experiencia en la gestión de refugios, por lo que es la combinación perfecta”.

Coreas y Camacho están trabajando para asegurar una ubicación para que puedan comenzar a hacer realidad sus planes.

Coreas ve esto como una oportunidad prometedora: tendría un hogar permanente mientras ayuda a otras mujeres como ella, pero aún no está completamente segura de lo que quiere hacer. Dice que quiere tomar decisiones informadas porque, debido a su estatus migratorio, camina sobre un suelo turbulento. Ella comprende que, si algo sale mal, podría ser deportada fácilmente.

Para Hsia, esta nueva oportunidad demuestra que tan fácil es para Coreas establecer conexiones fácilmente. “Creo que es asombroso cómo Susana pudo reunirse con una amiga, y luego esa amiga la presentó a una reunión, y esa reunión terminó siendo con [una gran fundación] que esta interesada en financiar una refugio para personas transgénero”, dijo Hsia.

Susana Coreas se encuentra en el patio trasero de Casa Carmelita, donde artistas locales han pintado un mural en El Paso, Texas, el 9 de agosto de 2021. Foto de Claudia Hernández para Borderless Magazine

Mientras tanto, Coreas se siente tranquila al saber que todos los amigos que hizo en El Paso y en otros lugares están encontrando una luz de esperanza en su historia. También sabe que puede confiar en ellos para que le ayuden en caso de que algo salga mal.

“Están tratando de averiguar cómo podemos hacer que [otro refugio] funcione”, dijo Coreas. “Tengo que planear cada decisión. No puedo permitirme cometer un error y terminar peor “.

En muchos sentidos, un nuevo viaje de Coreas apenas comienza. Solo que esta vez, se siente fuerte, porque ha aprendido a manejar todo lo que se le presente.

“Ya no me siento como si estuviera en modo de supervivencia”, dijo Coreas. “Ahora siento que estoy viviendo”.

Este artículo está traducido por Claudia Hernández.

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