For the head of Little Village’s business network, Trump’s immigration policies have meant disaster — and renewal

Jaime di Paulo is the executive director of the Little Village Chamber of Commerce. Originally from Guadalajara, Mexico, di Paulo was recruited to come work with the thriving business community here.
Above: Jaime di PauloIllustration by Ellen Hao.

Jaime di Paulo is the executive director of the Little Village Chamber of Commerce. Originally from Guadalajara, Mexico, di Paulo was recruited to come work with the thriving business community here. He sat down with Borderless to talk about how President Trump’s election has impacted Little Village, an oft-overlooked economic powerhouse.

If you think of an immigrant in America, you think of a Mexican. Today everything we hear about immigrants is that they are bad people and undocumented. Trump says he wants people from Norway. Well, if you are doing well and you are well educated, why would you leave your country and come here, man? We all leave for a reason and for most of us it’s because we want a better life. It’s simple.

At the same time, there’s not an immigrant who doesn’t want to go home to wherever they came from. I moved to the United States for high school and college, then afterwards I went back to Mexico. But then Mexico no longer felt like home. I lasted just five years before I moved to the United States again. As an immigrant, you think you can fulfill your dreams here. So you come to a place like Chicago, start your business, and build up the local economy.

Just look at Little Village — we contribute $900 million each year into the economy of Chicago. I’d say that ninety-nine percent of us came to the United States with nothing, and now we employ about 5,000 people in our own neighborhood.

It is sad that I have to justify someone’s existence in this country by their monetary contribution, yet here we are. Try it. Mention how much the people of Little Village contribute to the city of Chicago and see how people change. All of a sudden the tone flips. “Oh, I didn’t know that. Let’s talk about that.” That’s what I do for my job and it works. After hearing that dollar amount, people say, “Come, let’s have lunch.” Somehow you have to take the human aspect and convert it to dollars for some to understand that we aren’t asking for anything, and we contribute greatly to this economy.

Mexican immigrants like to shop local here in Chicago. Shoppers go to the grocery shop and then another store for fruits and vegetables, then meat, and another for baked goods. They like to distribute their wealth into four or five stores. Little Village businesses sustain themselves during the week with local customers, but on the weekend, that’s really the icing on the cake. Families from the neighborhood, suburbs, and surrounding states walk up and down 26th Street for shopping, and the restaurants are packed.

Little Village is like a market of nostalgia: Mexicans come here to feel like they are back home in Mexico. They can find certain products that they can’t find anywhere else while speaking their own language.

Today, the economy in Little Village seems like it is back to normal, but it was doing bad. At the beginning of last year with the new administration it hit a low. Some businesses were reporting fifty percent losses in sales and many ended up closing because the president decided to instill fear in our community.

Honestly, I blame the media, too, because they exaggerated stories and started reporting the potential for an increase in raids and rumors of parents getting arrested at schools. Parents were asking me if they could leave their children with their neighbors. I was like, really? Come on man, you don’t leave your children with your neighbors. But that’s how strong the effect of this rhetoric was. It was a big trauma for the community.

But we fought back and created the Little Village Defends Itself network to raise awareness about immigrant rights. There was even a phone tree in case someone got picked up so we could rally to help out. It was a major thing.

Little Village had to come forward as a community to say, hey this is really impacting us and we need to find a way to work through this. We lost a lot of businesses in 2017. The older, established stores survived, but the new stores struggled and some closed. We are still seeing vacancies, but businesses are coming back and they need to. We are in reality very important to the city and, most importantly, to our own community.

As told to Sarah Conway and Ellen Hao


Jaime di Paulo

Las políticas de inmigración de Trump han causado desastre y renovación, dice el director de la red comercial de La Villita

Illustration by Ellen Hao.

Jaime di Paulo es el director ejecutivo de la Cámara de comercio de La Villita. Di Paulo es originario de Guadalajara, Jalisco y fue contratado en la Ciudad de México para venir a trabajar con negocios prósperos de la comunidad de La Villita. Él se reunió con Borderless para hablar sobre cómo la elección del Presidente Donald Trump ha impactado a La Villita, un importante, y frecuentemente ignorado, enclave económico.

Cuando piensas en migrantes en los Estados Unidos, piensas en mexicanos. Hoy en día, todo lo que escuchamos sobre migrantes es que son malas personas y que están indocumentadas. Trump dice que quiere a gente de Noruega. Y bueno, si tienes una buena vida y estás bien educado ¿por qué dejarías tu país para venirte para acá? Cuando uno se va, es por algo. Para la mayoría de nosotros es porque queremos una vida mejor. Es así de sencillo.

Al mismo tiempo, no hay un solo migrante que no quiera volver a su casa, donde sea que esta se encuentre. Yo cuando me vine a los Estados Unidos, fue para estudiar en la universidad. Cuando terminé me regresé a México. Pero en México, dejé de sentirme como en casa. Duré sólo cinco años antes de volver a los Estados Unidos. Y como migrante, piensas que puedes cumplir tus sueños cuando llegas aquí. Así que te vienes a un lugar como Chicago, comienzas tu negocio y vas mejorando la economía.

Tan sólo mira a La Villita. Nosotros contribuimos $900 millones cada año a la economía de Chicago. Yo diría que el 99 por ciento de los que venimos a Estados Unidos, llegamos con nada. Y ahora empleamos alrededor de cinco mil personas en nuestro propio barrio.

Es triste que uno tenga que justificar su propia existencia en este país a partir de su contribución monetaria, aún así, aquí estamos. Inténtalo. Cuando le dices a la gente la cantidad de dinero que aportan los habitantes de La Villita a la ciudad de Chicago, puedes ver cómo cambian. Su tono repentinamente es otro. “Ay, yo no sabía eso. Hablemos un poco más de eso.” Esto es lo que yo hago en mi trabajo, la gente entonces me dice: “venga, agarremos algo de comer.” De alguna forma tienes que agarrar el aspecto humano de alguien y traducido a dólares para que la gente entienda que no les estamos pidiendo nada y que en realidad contribuimos enormemente a la economía.

A los migrantes de México les gusta comprar localmente en Chicago. Van a la tienda a comprar unas cosas, luego van a otra por frutas y verduras, luego a la carnicería, y luego a la panadería. Les gusta distribuir su riqueza entre cuatro o cinco tiendas. En La Villita, los negocios se sustentan a sí mismos con el comercio local entre semana, pero cuando llega el fin de semana, ahí es de donde sale la verdadera lana. Las familias del vecindario, de los suburbios y de los estados aledaños recorren la calle 26 para hacer sus compras y también van y llenan los restaurantes.

La Villita es como un mercado de la nostalgia: Los mexicanos vienen aquí y sienten como si estuvieran en México. Pueden encontrar productos que no encuentras en ningún otro lado y al mismo tiempo hablan su propia lengua.

Al día de hoy, la economía de La Villita parece que hubiera regresado a la normalidad. Pero antes le estaba yendo mal. Al principio del año pasado, con la nueva administración tuvo su peor momento. Algunos negocios estaban reportando alrededor del cincuenta por ciento de pérdidas en sus ventas y muchas terminaron cerrando por el miedo que el presidente difundió en nuestra comunidad.

Honestamente, yo culpo también a los medios. Han exagerado historias y comenzaron a reportar que potencialmente podrían aumentar las redadas e instigaron rumores entre los padres de familia de que podrían ser arrestados en las escuelas. Padres de familia me preguntaban si podían dejar a sus niños con su vecinos. Yo estaba como “¿Es en serio? Venga, no dejes a tus niños con los vecinos.” Pero así de profundo era el efecto de esta retórica. Fue un gran trauma para la comunidad.

Sin embargo, hemos luchado y creado la red Little Village Defends Itself, “La Villita se defiende,” para concientizar a la gente sobre los derechos de los migrantes. Hasta había un teléfono en un árbol para organizarnos rápido y ayudar en caso de que levantaran a alguien. Esto fue gigante.

La Villita tuvo que organizarse y unirse como una comunidad para decir: “Esto realmente nos está afectando y necesitamos encontrar la forma de superarlo.” Hemos perdido muchos negocios desde el 2017. Las tiendas con más tiempo y mejor establecidas son las que han sobrevivido. Pero las nuevas han sido muy afectadas y algunas incluso cerraron. Seguimos viendo vacantes, pero los negocios en general están regresando y es necesario que lo sigan haciendo. Nosotros en realidad somos muy importantes para la ciudad y, más aún, para nuestra propia comunidad.

Como fue contado a Sarah Conway y Ellen Hao; Traducción de Sebastián González de León